No tan Breve Crónica de un paseo por la Feria del Libro Infantil
Mi hijo tiene dos años y medio, por ende, no corre.
Vuela. Pero bajito, como en la canción.
Lo hace en círculos, para adelante, para el costado. Cuando está inspirado va de chanfle.
Es un verdadero problema, entonces, llevarlo al teatro o al cine, porque comienza a elevarse por sobre las butacas y casi siempre termina siendo el centro de atención. Evento poco feliz para los organizadores del espectáculo, claro, quienes jamás están dispuestos a devolver el dinero de las entradas y deben enfrentarse a hordas de padres indignados.
La Feria del Libro Infantil resultaba, entonces, una alternativa interesante para que el pequeño descargara energías. Entre otras cosas porque cuenta con techos altísimos.
La fortuna quiso que llegáramos justo en el momento en que los grupos escolares se retiraban. Por otro lado, al no haber comenzado oficialmente las vacaciones de invierno, el flujo de visitantes particulares era escaso, lo cual nos dejaba gran parte de los 16.500 metros cuadrados a nuestra disposición.
Pasamos un grupo de piratas que daban informes, rodeamos a una hormiga gigante que repartía folletos y comenzamos el recorrido que, confieso, ha sido uno de los más gratificantes que he experimentado con mi pequeño Ícaro.
Ahorrando energía:
Aunque sea políticamente incorrecto, debe admitirse que las áreas en semi penumbra de la Feria transmitían cierta sensación de tristeza.
Por los mismos altoparlantes que se anunciaban los espectáculos y talleres, se exhortaba a los expositores a bajar las luces, en el marco de la crisis energética que atraviesa el país. Medida por demás lógica y cautelosa, que lamentablemente quitó parte del encanto a este evento de colores.
La Feria apunta a todas las edades. El no saber leer, para los más chiquitos, es sólo un detalle que se compensa con música, color y juegos.
Pasamos al menos por tres salones con mesitas y crayones a disposición de los visitantes ( o tal vez le dimos vueltas siempre al mismo, ya no sabría decirlo…), corrimos en el Patio de Juegos del fondo, disfrutamos de algunas canciones tocadas en acordeón por una versión femenina y extremadamente graciosa de Pipo Pescador.
Y luego, nos dedicamos a recolectar tesoros.
De Magos, Dibujos y Piojos
El gremio de las Madres de Paseo es uno de los más cooperativos que conozco. Si pasaba un nene con sombrero de papel, detrás había una madre indicando a otras mujeres, y con lujo de detalles, que pasillo tomar para conseguir otros. Ni siquiera hacía falta preguntar en voz alta. Con arquear las cejas y fruncir un poquito el ceño me alcanzó para que una señora me guiara hasta el stand de la Provincia de Buenos Aires, donde nos regalaron el segundo globo de la tarde. Y donde, por cierto, Ignacio encontró una vincha amarilla que promocionaba un producto contra la pediculosis. Corona contra el piojo que mi niño no se sacó durante toda la tarde.
El primer globo, una jirafa violeta que el nene dejó a mi cargo luego de desarmarla prolijamente, nos los dieron en el Stand de la Red de Magos Solidarios, quienes coordinan el Taller de Magia de la Feria.
Los talleres… bueno, es algo de lo que podré contarles dentro de dos o tres años. ¡Pero de lejos se veían muy prometedores!
Pasamos por el stand de ADA (Asociación de Dibujantes Argentinos), donde se realizan talleres de dibujo artístico.
“Vení que te dibujo” le dijo Pablo Fernández a Ignacio. Cinco minutos más tarde nos despedíamos del artista con un hermoso retrato.
Por el altavoz se anunciaba la firma de obras de Alejandro Costas justo cuando llegamos a su exhibición. Compramos una postal, el nene intentó dejar su pulgar en cada lámina que vió a su paso, y foto de por medio, nos alejamos con
“La naturaleza implora” recién autografiada.
Insisto, la Feria apunta a todas las edades. Desde un supermercado en miniatura para que los chicos hagan sus compras, hasta en simulador de vuelo. Internet, mini basquet, juegos de ingenio; y por supuesto, libros.
Libros en miniatura, libros para bebés, libros de historietas. De terror, de supenso, de ciencia ficción. Gigantescos, con sonidos, de peluche. Mientras corría por los pasillos del pabellón, no hacía más que sorprenderme, gratamente, por la dedicación con la que cada stand brindaba sus productos.Ejemplares que desde sus portadas aseguraban a los visitantes diversión, intriga, aprendizaje.Obras clásicas o recién salidas del horno. La variedad de propuestas literarias, lejos de encontrase en segundo plano por las actividades del evento, resultó ser deliciosamente abrumadora.
Luego de saludar a un Bart Simpson de cartón y de comprar una antología de ciencia ficción del tamaño de una cajita de fósforos, cerramos a lo grande nuestro paseo con una visita por PintaFan.
Allí fué donde, con una habilidad y rapidez que escapa a mi comprensión, la maquilladora convirtió a Ignacio en el tigre más admirado de la parada del 92.
Así fue como, sin hacer colas interminables, sin pelear con acomodadores, sin pasar frío ni llenarnos los zapatos de arena y, por sobre todo, sin gastar el presupuesto del mes en una sola salida, vivimos una tarde inigualable.
Nota: estoy completamente destruida. Ignacio está como si nada, claro. Pero recordemos que él es nuevito.
Sobre Pablo Fernández
Este joven artista, ilustrador e historietista, representante de la nueva generación de dibujantes argentinos, nació en Merlo, provincia de Buenos Aires (Argentina), el 29 de julio de 1968. Es miembro del Foro de Ilustradores de Argentina (www.forodeilustradores.com); de la Asociación de Dibujantes (ADA), y colabora activamente con el Museo Itinerante de Humoristas Gráficos e Ilustradores de Argentina (http://guasa.ya.com/museodehumor), que coordina Marcelo Niño.
Desde principios de los años ‘90, Pablo Fernández se encuentra abocado a la realización de trabajos editoriales (en su gran mayoría de manera free-lance): ilustraciones para la ya extinta Ediciones de la Urraca; para el suplemento infantil Cole Club; para la revista Kids Collection, de Editorial Perfil; manuales escolares para Editorial Bonum; historietas para Brasil; ilustraciones para Internet/12, suplemento del diario Página/12; para la revista Debate, entre otros trabajos por encargo.
Fuente: Imaginaria (http://www.imaginaria.com.ar/12/6/fernandez.htm)
Sobre Red de Magos Solidarios:
La Red de Magos Solidarios o Red Maso es un emprendimiento que consiste en poner el arte de la magia al servicio de quienes más lo necesitan. La magia es ilusión, para un niño o un adulto el mago es algo encantado, más aún si logramos con magia solidaria una doble función que es ayudar y difundir nuestro amado arte, deleitando al público.
Estructuralmente la Red Maso es una O. N. G. (Organización No Gubernamental). Sin fines de lucro, es apolítica, libre de todo tipo de vínculos y carece de cualquier tipo de estructura religiosa.
http://www.redmaso.com.ar/miembros.htm
Sobre Alejandro Costas
Nace en 1958 en Ituzaingó, Buenos Aires. Abandona la carrera de Ciencias Económicas para abocarse al Diseño Gráfico y Dibujo Humorístico.
Tras su paso por España y de regreso a nuestro país (1984) estudia en el taller del artista plástico Marcelo Maira.
Lleva a cabo, durante más de una década y media, 200 muestras (individuales y colectivas) en importantes centros culturales de Argentina y el extrajero.Coleccionistas de América y Europa poseen obras suyas.
Más información: http://www.alejandrocostas.com.ar/
Victoria Duche para PortalLibro.Com
21/07/2007

















Muy buena tu descripción y relato del evento realmente da ganas de llevar a nuestros hijos.