Published On: Mar, ago 30th, 2011

Los nuevos libros prohibidos

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La Asociación Americana de Bibliotecas dio a conocer el viernes en su Semana de los Libros Prohibidos, el listado de novelas que los diferentes grupos de presión han intentado prohibir durante el pasado año y por los que esta intitución quiere reivindicar la plena libertad de leer cualquiera de ellos.

 

Los libros que, por orden, han intentado ser catalogados de prohibida lectura han sido:
1- El cuento infantil “Tres con Tango” (Peter Parnell y Justin Richardson), por “promover la sexualidad” y atentar “contra la familia”.
2- “The Absolutely True Diary of a Part-Time Indian” (Sherman Alexie)), por incluir escenas de masturbación.
3- “Un mundo feliz” (Aldous Huxley), por ofrecer un punto de vista religioso y dirigido a un grupo de edad inadecuado.
4- “Crank” (Ellen Hopkins), por mencionar las drogas y utilizar un lenguaje ofensivo.
5- “Los juegos del hambre” (Suzanne Collins), por incluir escenas de sexualidad explícita.
6 y 7- “Lush” (Natasha Friend) y “What my mother doesn’t Know” (Sonya Sones), por hablar de drogas y un lenguaje ofensivo.
8- “Nickel and Dimed” (Barbara Ehrenreich), por ofrecer un punto de vista político y religioso.
9- “Revolutionary Voices: A Multicultural Queer Youth Anthology” (Amy Sonnie) por sus escenas de homosexuales y sexualidad explícita.
10- “Crepúsculo” (Stephenie Meyer), por escenas de violencia y punto religioso.

 

Por: OCTAVIO RAZIEL


En 1966, el papa progresista Paulo VI, entre otras reformas, promovió abandonar la publicación de la lista oficial, con su correspondiente excomunión, de los libros proscritos para el mundo católico. En el siglo veintiuno, la Asociación americana de bibliotecas ha dado a conocer en su Semana de los Libros Prohibidos el listado que diferentes grupos de presión han intentado sacar de circulación.
La proscripción de textos no es nueva. El México antiguo fue casi borrado cuando fray Diego de Landa quemó los códices mayas y los Torquemada destruyeron los de otras culturas prehispánicas.
Alberto recuerda a su Cuentacuentos de la noche cuando le hablaba de Vargas Vila, excomulgado por su novela Ibis (1900) y por expresar frente al Papa León XIII: no doblo la rodilla ante ningún mortal. Ella le enseñó a mantener una mente abierta.
Macartismo, estalinismo o pinochetismo, entre otros, forman parte de la piromanía moderna que apostó en contra de las ideas con la represión, la quema de textos, el asesinato o el exilio del escritor.
Descartes, Zola, Hobbes, Hume, Balzac, Sartre y cientos más de escritores formaron parte de los desplazados de la lectura.
Actualmente hay libros que gobiernos o asociaciones retrógradas mantienen al margen de la sociedad y censuran con índice de fuego. Ejemplo es la novela “1984”, de George Orwell, por pro-comunista y crear consciencia de la existencia de El Gran Hermano que nos observa todo el tiempo.
Solicitar en las bibliotecas públicas Mí lucha, de Adolfo Hitler, Los protocolos de los sabios de Sión, La gran conspiración judía, de Romanescu o alguno que niegue el Holocausto significará entrar a las listas negras de la CIA y en Europa, por ley, la cárcel. En México sería Derrota Mundial, de Salvador Borrego o los pensamientos nacionalsocialistas de José Vasconcelos.
Entre los libros que agrupaciones ultraderechistas estadunidenses pretenden prohibir en las bibliotecas públicas se incluye Un mundo feliz” (1932) de Aldous Huxley que ofrece un punto de vista religioso no adecuado. Otro es el cuento infantil, bellamente ilustrado, Tres con tango, que cuenta la historia –verdadera, por cierto- de dos pingüinos, los dos machos, del zoológico de Nueva York, a los que dieron un huevo a empollar y que se comportaron como una perfecta familia con su pequeño polluelo. Los ultra religiosos sostienen que este cuento promueve la creación de parejas homosexuales, incluida la adopción de niñ@s; en suma, un “atentado contra la familia”. Nickel and Dimed ofrece, dicen, un punto de vista político y religioso contrario al pensamiento americano y la novela Crepúsculo, sobre vampiros, violencia y asuntos religiosos que van contra la moral.
Los censores de libros han sido siempre personas que leen muy poco y entienden casi nada, que creen que el único pensamiento válido y reconocido es el de su grupo, partido, religión o su ideología. El misógino Carlos Abascal (q. NO d. e. p.) prohibió a su hija leer la novela Aura, por ser contraria a las buenas costumbres.
Los llamados biblioclastas saben que, sin la destrucción de libros y documentos no se termina de ganar la guerra. Una táctica es suprimir la identidad cultural (auto denigración), la familia (el libro Para leer el pato Donald) y la religión (intromisión de sectas). George Orwell advertía que quien controla el pasado, controla las opciones futuras.

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