Prosa – El Acullá – Folclore, Mitos y Leyendas
Sólo un anciano, de generación en generación, conoce la leyenda del Acullá. Esta nos revela el misterio sobre el nacimiento del hombre y de cómo éste perdió el Acullá: el equilibrio.
Hubo hace mucho tiempo atrás una gran pelea, entre la Diosa luna Piñí y la Diosa tierra Ñincay. Todo comenzó cuando vanidosa la luna le pidió al gran Dios sol Helchún, le diera luz para verse más bella. Ñincay, la Diosa tierra, al verla tan hermosa se puso triste y pensó en cómo igualar tanta hermosura. Ñincay, entonces, creó las flores de colores para adornarse con ellas. Piñí observaba y, en un descuido de la tierra, habló con las flores, les dijo que ella también era una Diosa y les ordenó cerrarse ante Ñincay y abrirse ante ella.
Algunas guardaron obediencia a la Diosa tierra, otras a Piñí. La diosa adornada con flores, al descubrirlo, se enojó y soñó las montañas. Nuevamente Piñí les habló y convenció a las más altas, que en sus picos llevan el manto de Piñí: las más bajas y cercanas a Ñincay le guardaron obediencia. Y así sucedió con todo lo que hay a nuestro alrededor. Ñincay creó los animales y Piñí hizo que algunos, como el lobo, la adoraran a ella. Todo a un mismo tiempo nació en aquella disputa. El enojo de Ñincay fue tan grande, que pensó en una imagen con más parecido a los Dioses, en su fuerza e inteligencia, que a las otras creaciones. En aquél instante el hombre fue creado. Se sintió satisfecha, pero no se dio Ñincay que por hacer enojar a Piñí, se había olvidado de ponerle a su creación el Acullá: la línea del equilibrio en el universo de estrellas. Tampoco Piñí se dio cuenta de tal error; ella estaba apurada también por hacer enojar a la Diosa tierra ¡Tonta idea tuvo la gran Diosa! Habló con las aguas creadas por Ñincay. Reunió toda su luz y a cada uno, desde los grandes ríos hasta el más pequeño aguadal le dio su imagen: quería que el hombre cuando fuera a beber, viera más de cerca toda su hermosura.
Poco a poco con tal esfuerzo, se fue quedando sin luz. De redonda y brillante quedó de ella la mitad y luego, sólo un hilo de plata hasta desaparecer. Al descubrir la gran Diosa su torpeza, lloró. El gran Dios Helchún, al advertir que no estaba se asustó, y empezó a buscarla ¿Dónde está la bella? La encontró opaca y sin brillo. El gran Dios se enojó al descubrir el error de Piñí, pero más aún, al descubrir el olvido de Ñincay. A las dos Diosas él las castigó. Le ordenó a la Diosa Luna desaparecer de su vista. Para Ñincay, el castigo fue igualmente terrible. El hombre, que no tiene el equilibrio, lo justo, la mitad, el acullá, destruirá poco a poco a su creadora. Ella también lloró.
El gran Dios le dijo: te dejaré para evitar tu fin un tiempo, durante el cual, tú le enseñarás al hombre cómo hallar su propio Acullá.
La Diosa tierra Ñincay nos dice: la línea de Acullá sirve para todos y para todo, el Acullá es lo justo, el equilibrio. Es la línea entre el aquí y el allá. El Acullá es sabiduría. Cada uno de ustedes, los hombres, pasará al lado opuesto de la línea para conocer el dolor, los pensamientos, los sueños del otro y entonces, lo entenderá. Conocerán el equilibrio…qué deberán perder para que todos ganen y siendo entre ustedes sabios, evitarán mi fin.
Esta leyenda es invención literaria de la autora. María Buroni Valle
Fecha de creación : 06/24/2008 @ 06:08













