“Ciencia que ladra”, y se atreve a asomarse fuera del laboratorio: entrevista con Diego Golombek
La ciencia, al igual que el arte, es una actividad humana llevada a cabo día a día por sujetos de carne y hueso. Entonces ¿por qué se sigue alimentando la figura del científico ermitaño y solitario? Ya era hora de que alguien se propusiera desmitificar a estos personajes con los que poca relación tenemos el resto de los “mortales”, y enterrara definitivamente la imagen que sólo contempla el guardapolvo blanco, los anteojos y el pelo desaliño al mejor estilo Einstein.
La colección “Ciencia que ladra” de editorial Siglo XXI lo ha conseguido, y su mérito es doble porque gracias a su diseño, contenido y estilo ha conquistado adeptos de todas las franjas etarias. Diego Golombek, quien dirige dicha colección, es licenciado y doctor en Biología de la Universidad de Buenos Aires, profesor y secretario de Posgrado en la Universidad de Quilmes, e investigador del CONICET. En esta entrevista, nos cuenta un poco más de los orígenes de la colección y nos adelanta los próximos lanzamientos.
¿Cómo surgió la idea de iniciar una colección de libros de divulgación científica caracterizada por su tono informal?
En realidad surgió como una chifladura académica, a partir de un grupo de investigadores de la universidad a los que les pedí que contaran sus historias como en una reunión de amigos, sin perder el rigor pero al mismo tiempo sin caer en tecnicismos y “dificilismos” que dificultaran la lectura. En suma, les pedí que se divirtieran escribiendo, y después lo puse a prueba con lectores de diversos niveles, para ver si realmente aprendían y la pasaban bien. El resultado fue muy alentador y nos dimos cuenta de que hay un espacio para este tipo de divulgación científica.
En cuanto al tono informal en sí, no es tan sorprendente… Contrariamente a lo que piensa la gente, los científicos son personas, se ríen, les gusta contar sus cosas (y que los entiendan), disfrutan las grandes comilonas, ir de vez en cuando a la cancha – en fin, que no sólo son esos personajes estrafalarios que andan todo el día de guardapolvos…
Los científicos autores de los distintos títulos ¿escriben ellos mismos todo el contenido o sólo suministran la información científica?
Una de las características principales de la colección es justamente que los libros los escriben los científicos – no sin esfuerzo. Después damos varias vueltas de edición y de correcciones hasta que estemos realmente conformes con el resultado final.
En el plano personal, ¿cuál es tu relación con la literatura más allá del género de divulgación? ¿Te gusta leer o escribir literatura de ficción, poesía u otros géneros?
Sí, mi relación es muy intensa. Tengo publicados un libro de cuentos y una novela, además de varios cuentos y poesías en revistas y en antologías. Y leo de todo, al menos todo cuanto los tiempos del trabajo me permiten…
¿Crees que existe una conexión entre la ciencia y la literatura como arte?
¡Por supuesto que sí! Por un lado, la ciencia no es tal hasta que no se comunica, o sea, hasta que no se comparte con nuestros pares y con el resto de la comunidad. Eso requiere de estrategias de comunicación, de contar una historia bien contada. Pero, además, pese a que pueden parecer mundos muy diferentes, la literatura y la ciencia van por carriles semejantes en el sentido de que ambas tienen un componente muy rutinario (corregir textos, repetir experimentos), que las dos requieren una idea previa (antes de sentarse a escribir o a experimentar hay que saber qué se quiere contar – no creo que nadie le crea a Cortázar cuando afirma que “cuando escribe nunca tiene idea de hacia dónde va”) y, por supuesto, tanto la buena literatura como la buena ciencia son actividades profundamente creativas, que arrojan una nueva mirada sobre el mundo.
¿Qué sentís respecto del éxito de algunos títulos como “Matemática ¿estás ahí?” de Paenza o “El cocinero científico”?¿A qué atribuís esta cálida respuesta del público, inclusive adolescente?
Lo primero que siento es una gran sorpresa… Todos los libros de la colección se han vendido muy bien, y la mayoría ya tienen al menos una segunda edición. Comenzamos escribiendo para nosotros, para nuestros amigos, para nuestros pares y el primer asombro fue que los libros llegaran a públicos tan diversos (estudiantes, maestros, abuelos), y que todos nuestros lectores nos den señales de querer más. La idea inicial fue – y sigue siendo – contar la ciencia como una parte de la cultura, como algo que nos pasa todos los días aunque no nos demos cuenta, como una mirada sobre la realidad que es poderosísima y, en el fondo, hasta nos hace mejores personas.
Con respecto al libro de Paenza, no puedo sino opinar que es un milagro. Es cierto que Adrián es no sólo un personaje muy conocido, sino también muy carismático (y, sobre todo, una maravillosísima persona), y que sus libros son deliciosos, pero eso no alcanza para explicar el fenómeno de ventas que han desatado. Los periodistas han ayudado mucho con estos libros, porque les han encantado y, espontáneamente, colaboraron con su difusión pero, en todo caso, hay otros elementos mágicos que no nos podemos explicar y hacen que los dos libros de matemática de Adrián hayan sido de los mayores éxitos editoriales en Argentina en los últimos tiempos.
¿Hay próximos lanzamientos de la colección planeados para el futuro?
¡Claro que sí! Dentro de muy poco sale “Había una vez el átomo (o cómo los científicos imaginan lo invisible)”, de Gabriel Gellon, y en el resto del año tenemos un menú variado: “Cortar y pegar”, un libro sobre trasplantes de Pablo Argibay, “Causas y azares (la teoría del caos)”, de Gabriel Mindlin y “Pasado, pisado y enterrado”, un texto de arqueología urbana de Daniel Schavelzon. Y, para el final, el tercer libro de la serie de Paenza. Hay ciencia y ladridos para rato…
María Luján Morfi
para PortalLibro.Com
Fecha de creación : 06/06/2007 ~ 10:00
Última modificación : 06/06/2007 ~ 20:27
Categoría : Archivo
Página leida 3891 veces

